Muchos estudios han demostrado en cantidad suficiente que, cuando los ingresos de una familia bajan o, peor todavía, cuando se ven reducidos a la mínima expresión de ayudas y prestaciones, la salud de sus miembros se resiente y empeora. Esta regla de tres es todavía más flagrante cuando se trata de prestaciones sanitarias que, a pesar de ser básicas para la salud, no están cubiertas por la sanidad pública, como la salud bucodental y la visual (la consulta oftalmològica sí que está financiada, pero las ojeras van a cargo del bolsillo del paciente). Los dentistas ya hace un par de años que han constatado una reducción considerable de la demanda de tratamientos, con una caída alrededor del 30% de la facturación, informa clinica dental vielha. A las ópticas, la bajada ha sido más lenta y se ha hecho esperar algo más, pero también ha acabado llegando.

“El número de visitas ha bajado, pero no tanto. El que ha pasado es que la gente opta por tratamientos más baratos”, afirma Alberto Pérez-Royo, miembro de la junta del Colegio de Odontólogos y Estomatòlegs de Cataluña (COEC). “Hace pocos días me trucó un padre para anular la ortodoncia que teníamos que hacer a su hija porque se acaba de quedar sin trabajo”, ejemplifica Pérez-Royo.
Pero no sólo baja la demanda de ortodoncias, también la de implantes, prótesis fijas…, “incluso las revisiones y las limpiezas que cubren las mutuas, porque mucha gente se está dando de baja”, constata este odontólogo. “Mi abuelo era dentista y se dedicaba, sobre todo, a sacar muelas. Con los años hemos desarrollado muchos tratamientos para salvar piezas, pero ahora estamos yendo atrás y volvemos a sacar dientes que se podrían haber salvado”, se lamenta.
Los odontólogos insisten en una máxima: cuanto más se cuida la boca, más barato sale al paciente. “Con una higiene correcta y detectando la caries precozmente, una persona se ahorra mucho dinero”, afirma Pérez-Royo.
El impacto de la crisis a las ópticas se aceleró a partir del verano pasado, asegura Fabio Delgado, miembro de la junta del Colegio Oficial de Ópticos Optometristes de Cataluña (COOOC). “Las familias están frenando el gasto y alargan la vida de las ojeras más allá de los dos o tres años, que era lo más habitual hasta antes de la crisis”, confirma Delgado. “Están aplazando los controles de la visión porque la visita ya no se plantea en clave de salud, sino en clave de compra”, explica el óptico. Es decir, que la razón por la cual muchas personas no se revisan la vista es que no se pueden comprar ojeras nuevas.

La cosa todavía podría empeorar más si, finalmente, se acaba aplicando un IVA del 21% a las ojeras y lentos graduadas, que hasta ahora se han grabado con un 10% porque se consideran productos sanitarios.
El usuario de ojeras es consciente que la calidad del producto es importante. “Por eso ahora los clientes nos piden muchas más explicaciones, porque quieren estar seguros que el gasto que hacen está justificada”, afirma Delgado. También es cada vez más frecuente que se aprovechen las monturas y se cambien sólo los vidrios.
Que la salud visual ha pasado a último término para muchas familias lo demuestran los resultados de la campaña de revisiones que hace unos meses llevó a cabo la fundación IMO con 150 niños de familias en riesgo de exclusión y en que se detectaron problemas oculares no diagnosticados en el 23% de los niños.

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