Una de las líneas de investigación más prometedoras para tratar la obesidad se ocupa de el sebo marrón, que -a diferencia del sebo blanca, que se acumula y le cuesta desaparecer- tiene ciertas propiedades que lo sitúan a los antípodas: es capaz de quemar calorías y, por lo tanto, de adelgazar. Juega un papel importante en el balance energético del cuerpo y, por lo tanto, encontrar como activarlo puede ser la clave para combatir la obesidad, que en Cataluña sufren un 16% de las personas entre 18 y 74 años. Según publica la revista Nature , investigadores de la Universidad de California acaban de identificar un interruptor enzimático indispensable para el desarrollo de este tipo de sebo.

Los investigadores muestran que una enzima enriquecida en lisina metiltransferasa (EHMT1) tiene un papel importante en el control de los precursores de la sebo marrón, es decir, de los encargados de producir células de grasa marrón o células musculares. Los ratones que no tienen esta enzima pierden buena parte de la grasa marrón de su cuerpo. Las células de la sebo marrón no producen energía porque el cuerpo la use -tal como hacen las de grasa blanca-, sino que producen escalfor, y para hacerlo consumen grandes cantidades de grasa blanca. Por eso adelgazan. Por lo tanto, si hay menos grasa marrón también hay más grasa blanca. Los ratones incapaces de sintetizar la enzima en cuestión no tan sólo eran más obesos que los ratones sin manipular -siguiendo la misma dieta-, sino que también generaban resistencia a la insulina.

La identificación de esta enzima se añade a los últimos hallazgos que buscan diseccionar el mecanismo que hay detrás de este proceso metabólico para alterarlo con nuevos fármacos. Actualmente la estrategia de los medicamentos para combatir la obesidad consiste a reducir la ingesta de calorías, ya sea reduciendo la hambre o evitando la absorción de sebo. Pero estos medicamentos tienen efectos secundarios, puesto que pueden afectar desde el intestino hasta el sistema nervioso.

Ya hace unos 100 años que se sabía de la existencia de la grasa marrón. Hasta hace poco, pero, se pensaba que tan sólo tenían algunos animales -como los osos- y los bebés humanos, para mantener su temperatura corporal. El descubrimiento que los adultos humanos también tienen y que juega un importante papel en el metabolismo es muy reciente, del 2009.

En Cataluña, el equipo de investigación que encabeza Francesc Villaroya, de la Universitat de Barcelona (UB), y que forma parte del Instituto de Investigación Biomédica en Red-Fisiopatología de la Obesidad y Nutrición (CIBERobn), investiga otra molécula, llamada FGF21, que mejora el metabolismo de la glucosa y las sebo, y aumenta la actividad de la grasa marrón.

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